jueves, 26 de enero de 2012

Celos, rumores y buen gusto



El turbado príncipe Ariodante entona la terrible Scherza infida in grembo al drudo. Oh! Pobre Ginevra que, sin comerlo ni beberlo, es la victima inocente por la difamación de un rival celoso, Polinesso. Pero en la edad media, los príncipes valientes, no recurrían a la violencia contra la mujer eran mucho más bestias que ahora pero también con más... bueno, más civilizados y estos asuntos de la bragueta lo solucionaban en la arena de la Plaza de Torneos. En este caso es un hermano, Lurcanio, el que descubre por un chivatazo la verdad y siendo vengativo de natura es el encargado de hacer morder el polvo al rival al ofrecerse como campeón de Ginevra. Lucarnio cae mortalmente herido y entre sus últimos alientos, Polinesso confiesa sus culpas y Ginevra es perdonada por el Rey. Así el cristal empañado vuelve a brillar y la honra, empañada por el embustero y celoso rival, también.
De todo este lío, Händel, compuso un aria para castrati de las más bellas de la historia de la música. Olvidada durante más de doscientos años pero que en su reestreno se convirtió en todo un top hit para desgracia del viejo Jorge que no cobró ni un duro por derechos de autor, aunque dudo que le sirviera de mucho para aliviarlo en su eterno descanso bajo las losas la Abadía de Westminster


Scherza Infida
(Georg Friedrich Händel)
Phillipe Jaroussky


Scherza infida in grembo al drudo
Io tradito a morte in braccio
Per tua colpa ora men vo.
Ma a spezzar l'indegno laccio,
Ombra mesta, e spirto ignudo,
Per tua pena io tornero.


La amante infiel tiene un niño en su vientre.
Me ha traicionado a muerte en sus brazos.
El engaño lo permitieron ustedes
mientras las horas transcurrían.
Pero para romper el lazo vergonzoso
he de castigarla y yo seré
una sombra triste, sin cuerpo ni espíritu.





Guinevere
(Ginebra)
Rick Wakeman




Este tema ha sido muy rentable y por ello repetido hasta la saciedad desde el principio de la humanidad hasta la actualidad pero con resultados artísticos desiguales y a veces más que dudosos. Cosas de Eros y la Civilización. Ya lo decian Herbert Marcuse y Sigmund Freud que de asuntos de braguetas y egos sabían un rato.

Ni más ni menos
Los Chichos

Guinnevere
(Ginebra)
Crosby, Stills and Nash





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